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TRIBUNA LIBRE.         DM.11/6/2007

Sniace: Blas Mezquita a examen

JOSÉ MARÍA GRUBER/EX REPRESENTANTE DEL SINDICATO UNITARIO EN SNIACE

 

"Hablar del futuro de Sniace, sin enjuiciar la gestión de su actual dirección, además de ser parcial, resultaría ridículo en una sociedad que otorga casi plenos poderes a los dueños de las empresas. Y habrá que hablar de la dirección en concreto para saber quién es responsable de los éxitos y fracasos y valorarla teniendo en cuenta las circunstancias y los precedentes sobre los que dicha gestión se ejerce.

La herencia recibida por Mezquita no era, ciertamente, favorable. Sniace es una sociedad anónima cuyos accionistas, llevan más de treinta años sin cobrar dividendos, o sea, sin participar directamente de los beneficios que la empresa haya obtenido. Sin embargo, Sniace, despierta expectativas entre los inversores y, en más de un momento, nos sorprende siendo protagonista en la Bolsa. Pasaron los tiempos en que los bancos, en este caso Banesto, invertían en la adquisición de empresas industriales y se comprometían en su gestión. Ocurrió con Sniace pero, es claro, no volverá a ocurrir.

Sin embargo, en torno a Sniace siguen apareciendo inversores que empeñan sus capitales en hacerse dueños de la empresa, aunque no sepamos con qué intenciones. Desde el ciudadano de a pie, que es como me considero, hay cosas que no son fáciles de entender. No es comprensible que alguien pueda invertir su dinero en una empresa que no reparte dividendos, que está acuciada por serios problemas, que no invierte en mejorar su principal potencial industrial, que no le preocupa su productividad, que se ve empujada a gastar dinero en ajustar sus procesos productivos a las normas medioambientales, cuando no tiene asegurado que esos procesos vayan a tener futuro a medio e, incluso, corto plazo, y que dedica la mayor parte de sus esfuerzos en presentar ambiciosos proyectos que nada tienen que ver con lo que Sniace ha demostrado sobradamente que sabe hacer. Además, ¿cómo alguien puede empeñar su dinero en una inversión que no controla ni pretende controlar?

La respuesta, sin duda, la tendrá el mundo empresarial, de cuyos argumentos no participo o, más bien, soy ignorante. Sólo sé que nadie invierte para perder. Y tampoco lo harán quienes están invirtiendo en Sniace. Lógico es pensar que todos esos inversores sólo estén 'tomando posiciones' para repartirse los despojos ante una posible desaparición de esta histórica empresa. Por eso, valorar la gestión de un presidente de empresa, requiere contemplarla desde diversos puntos de vista. Seguro que, desde el punto de vista de los modernos inversores, y de los empresarios en general, la gestión de Blas Mezquita es positiva, exitosa, hasta milagrosa, dirían algunos. Dudo, no obstante, que lo sea para los antiguos, los históricos accionistas (que todavía quedan), que siempre nos contaron impotentes sus cuitas. Pero este tipo de inversores cuentan poco en el actual mundo de los negocios.

Puede que, hasta para un sector del ecologismo, su gestión sea positiva, para aquellos que creen en la efectividad de protocolos como el de Kioto, o de las ecotasas, o en la eficacia de unos 'más eficientes' y menos contaminantes procesos productivos. Nunca como ahora Sniace ha gastado en introducir medidas correctoras de su contaminación. Sin embargo, para otro sector, tales inversiones, en todo caso, llegan tarde, y, si son importantes, sólo evidencian el desprecio o, cuando menos, el total abandono con que tradicionalmente la dirección de Sniace, también Blas Mezquita, ha manejado el tema medioambiental hasta ahora.

El ciudadano de Torrelavega, en general, puede mantener distintas actitudes ante el futuro de la empresa y podrá ser más o menos tolerante con la exigencia de mejoras ambientales. Lo que sí está bastante extendido es un sentimiento de rechazo, cuando no de odio visceral, como reacción al paternalismo histórico de Sniace y su habitual prepotencia en la relación con la sociedad y con sus instituciones. Y Blas Mezquita, a pesar de la presencia mediática que ha alcanzado su gestión, no ha sido capaz de borrar ese sentimiento adverso.

 

Quienes tienen que tener un concepto distinto, quienes sé que lo tienen, son los trabajadores de Sniace. La herencia recibida por Mezquita no era favorable, pero su gestión es la responsable del cierre de la planta de Lilion y la pérdida de sus puestos de trabajo. La incertidumbre está instalada en la mente de la plantilla de Sniace.

El resto de las fábricas sigue abierto, pero si la apariencia externa de los edificios es deplorable, mucho peor es el estado de las instalaciones por dentro. Y ya no me refiero a a estética, sino al funcionamiento de las máquinas, a la falta de regularidad en la producción y, sobre todo, a las condiciones de higiene y seguridad en el trabajo, aspectos, ambos, claramente deficientes.

Pero si mejorar las instalaciones y corregir la contaminación cuesta dinero, si el mantenimiento de una planta puede verse afectado por los vaivenes del mercado, lo que no tiene justificación alguna es la política de personal. Blas Mezquita ha optado por una política trasnochada (pero que ha vuelto a resurgir) que es comprar con un buen sueldo y poner al frente de su política de personal, con plenos poderes, a un experimentado sindicalista, por aquello de 'haber sido cocinero antes que fraile'.

Las relaciones laborales en Sniace están marcadas por la prepotencia de su jefe de personal, por el amiguismo y por la discriminación generalizada y, como consecuencia de todo ello, por la desregulación, por los incumplimientos y por la cerrazón que llevan, con más frecuencia de la deseada, a los trabajadores a acudir a los juzgados para solventar sus reclamaciones y denuncias, las más de las veces, por cosas nimias que fácilmente podían solucionarse con un mínimo de talante y espíritu dialogante por parte de la empresa. Y todo ello, además, manteniendo unos salarios muy bajos. El resultado es que, si desde hace ya bastante tiempo el principal capital de Sniace viene siendo su personal, de un tiempo a esta parte, y coincidiendo con la presidencia de Mezquita, la mayoría del personal, del más experimentado y eficaz, el que es capaz de solventar los contratiempos, vive soñando con alcanzar la edad de jubilación y huir lo antes posible de la pesadilla que supone acudir diariamente al trabajo. Y esto es mal síntoma. Así es difícil trabajar y rendir, y no está asegurado que la gente que entra nueva llegue a ser, a medio plazo, el capital humano que Sniace necesita, y con el que suplir la falta de mejoras técnicas tan importantes para cualquier desarrollo.

El futuro productivo de Sniace, en mi opinión, es negro, y el responsable último de todo ello lógicamente es el presidente Mezquita. ¿Qué nota le pondremos por tanto? Como trabajador y como vecino de Torrelavega, mi nota es de suspenso. Ya sé que mi visión es parcial, pero ni puedo ni quiero evitar que lo sea. Otros habrá que canten sus alabanzas".

 

 

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