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¿Que tal en el paro?

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 No podria reflejar todo lo que siento al respecto, pero si puedo identificar algunos de los sentimientos que se experimentan cuando algun jeta te pone en la calle.
 El miedo, es uno de los que mas domina la mente dado que el despido conlleva a la perdida de la estabilidad economica. Cuando hay hipotecas que pagar, seres queridos que dependen economicamente de ti, gastos cotidianos para comer y vivir, lo que menos deseas es verte como un paria cobrando el desempleo. Todo eso ocasiona una gran ansiedad y un caldo de cultivo para sentirse cada vez mas nervioso y preocupado.
 Pero el miedo y la ansiedad hacia el futuro no estan solos, tambien se encuentran con otros sentimientos como la culpa.
 Te sientes responsable por el despido, generas una lista mental de errores de lo que hice mal, de lo que pude hacer mejor. La culpa se retroalimenta en nuestra mente de manera casi obsesiva, no es necesario que otros te señalen como responsable, normalmente eres tu el que te encargas de ajusticiarte, señalarte y maltratarte.
 La culpa va de la mano con la depresion y la desesperanza. Sentirte triste y responsable por perder el trabajo puede convertirse en una situacion que nos puede llevar a caer en  conflictos con la pareja, con la familia. Estos se van incrementando cuando despues del despido, te encuentras ante un negro panorama para encontrar trabajo.
 La rabia y el mosqueo frente a la empresa, el presidente y la compañia de chupaculos que le siguen, aparecen de manera recurrente. La mala hostia se incrementa mas cuando ves como esta chusma sigue cobrando. Cuando ademas este despido esta rodeado de historias que nada tienen que ver con el esfuerzo de los trabajadores, es “muy comun” que el despedido genere un real odio y aversion hacia la empresa, el presidente, el amigo del presidente, los asquerosos aduladores y la madre que los pario.
 Lo malo de odiar a otra persona, o no superarlo, es que ese sentimiento negativo nos perjudica personalmente y nos hace mas infelices. Curiosamente, al mismo tiempo, la banda de sinverguenzas que son los verdaderos culpables de todo esto, son felices, cobran sus buenos sueldos y se rien de todos nosotros.
 Algo que es dramatico y quiero señalar, es como algunos compañeros pierden (o perdemos) la autoestima; sufrimos de inferioridad y envidia cuando vemos a nuestro alrededor, vecinos, familiares, gente normal que tiene trabajo. Te sientes como una mierda, inseguro, confundido y lo peor, sin ganas de luchar. En este punto, otra vez y no lo siento, me acuerdo de los canallas que han dejado caer esta empresa.
 A todo esto hay que añadir el amargo regusto de la impotencia. Oir como algunos se adjudican el papel de ser tu representante, es para cagarse.
 Cuatro masterchef de la lucha obrera, que dificilmente superarian la correcta interpretacion de un ticket del Carrefour, se reunen en tu nombre, piensan en tu nombre y mucho peor; deciden en tu nombre. ¿Porque?, te preguntas una y otra vez. Porque coño no he levantado mi voz para acabar con esto. Porque he consentido, con mi silencio, que los de la cofradia de la chocolatada me sigan jodiendo.
 La impotencia se suma al manto de penas que acompañan siempre a un parado. En este caso con unas gotas de mala conciencia por haberlo consentido.
 
 Efectivamente Moroso, estoy jodido y derrotado pero esperanzado de volverte a ver. Cuento los dias que me separan del cariñoso reencuentro contigo y con tu amigo Danacolio. Ese deseo me mantiene con el animo suficiente para aguantar tanta desdicha.

 

 

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